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miércoles, 6 de abril de 2016

Caminando....un pie luego otro.

He perdido la noción del tiempo en mi paseo mental de hoy. Un pie, después otro y ya mismo cae el invierno. 

Fumando un cigarrillo, buscando el aroma de la vida, de una vida perdida que no encuentro, o quizás que encontré y ahora sueño porque la perdí y no recuerdo o ni sé si la deseo.
Anoche soñé que caía la Luna, como una señal de que puede caer en cualquier momento. La Luna cayó y se sumergió en una neblina de polvo, cuando esa nube de moléculas se esfumó, ya no estaba, no había Luna y descendí a la oscuridad.
Besando mi piel mis sábanas, anhelo su aroma, aroma de realidad, de fantasía perdida. Me hundo en su cuerpo buscando que hay ahí adentro, despacio, hurgando cada curva de sus sentidos, susurrándole: " Cuánto te echo de menos"....

Esa luz, la luz que los ciegos ven.
Puede ser, nunca se sabe, que la vida no termine nunca más, puede suceder. Vivir, sobrevivir. Cuando el sonido se vuelve más discordante, buscamos como sobrevivir. El soplo del viento crea formas ondulantes sobre el agua pero el dibujo más bello son las gotas de lluvia danzando en ella.

Busco esa canción para sobrevivir hoy, ese aroma de la vida, unas notas que me hagan soñar, una música a mi silencio interior. Un grito de esperanza a ese silencio de la desesperanza. Ummmm esencia de canela, vainilla, azahar masajea mi olfato y esta melodía endulza mis oídos.

En la calle solo me viene aroma, a gritos, humo de coches, gente perdida con prisas, y en mi paseo mental saboreo el aroma de la vida. Me encanta pasear así.




viernes, 20 de febrero de 2015

BURBUJA DE ALGAS

Habéis sentido que vivís dentro de una burbuja? Seguramente que sí, nos pasa a casi todos.
El sol, nuestro sistema solar, está dentro de una burbuja de gas caliente en forma de cacahuete.

Mi burbuja tiene forma de ocho no cerrado, soñé con ella el otro día, de color ámbar difuminado, casi transparente acogedora y como no, sensual.



Mi mundo burbuja salpicada de montañas sonoras, hacen que caiga hacia el abismo, flotando en la nada.

Resuena en mi cerebro el mismo tono, la misma melodía, como si fuera una campana invitándome a abocarme a ese fino manto que es mi pompa. Deseo acariciarla pero temo que muera en mis manos y la rozo con la punta de mis dedos, suavemente casi sin tocarla.

En el interior de ella hay rincones de taras y obsesiones, está bañada de una profunda melancolía.
Ese eco de esa campana va increscendo, en un ascensión hacia el abismo. Un trayecto solo de ida, capaz de reventarte el corazón.

En ese Universo cerrado, hermético, con esas notas enfatizadas, se respira paz, armonía, quietud...


Voy casi levitando con mis pies descalzos sobre una cuna esponjosa, aterciopelada....se enreda en mis pies, sube por mis tobillos, es fresco, jugoso, de color aceitunado. Me hace cosquillitas y mis manos resbalan para sentir su textura...Las baldosas que marcan mi camino, me llevan a pensar que está mutando mi energía poco a poco. Mi sudor nervioso, acelerado, inventa una excitación nueva en mi piel. Esa esponjosidad trepa por mis pantorrillas, se encaraman hacia mis muslos, escalando mi pubis penetrando en él, se elevan y elevan hasta mis entrañas, sintiendo un placer infinito, jugoso, impúdico....beso mi piel con las yemas de mis dedos y siento todo mi cuerpo de ese terciopelo cetrino, sedoso, delicado, exquisito. Hechizada, lamo esa seda que me envuelve, me aprieta, me oprime, me asfixia, dejándome casi sin aliento, creando humedad en todo mi ser. Mi mente vibra en una frecuencia de miedo, lujuria, suena a incertidumbre, pavor a caer en un abismo de negrura y soledad, caigo, me corro, caigo, me corro, me corro en un orgasmo intenso, penetrante, profundo como cayendo al infinito pozo de la muerte.

Abro los ojos y esa burbuja es diferente, combina el ámbar oscurecido con el cetrino de mi piel....mutando ambas, nos une ese terciopelo y nos fusionamos en un ser.


Ese cosmos que es mi mundo, sigue ascendiendo empicado hacia ese abismo, esa negrura, esa oscuridad.....la nada.






martes, 18 de noviembre de 2014

Dulces lágrimas.

Capítulo primero.




¿ Por qué a mi? ¿ Qué he hecho yo?


Las pequeñas manos de Penélope, secan las lágrimas que lamen sus pálidas mejillas. Sus manos están entumecidas, lleva un rato abrazando fuertemente sus rodillas. 

- ¿ Te queda mucho?

Abre sus enrojecidos ojos y casi sin fuerzas, ahogada en su llanto, contesta a la voz de su madre, que está detrás de la puerta, con ese pestillo mágico, que la aísla.

-No, mamá, casi estoy.


El agua cae sobre la pica del lavabo, su sonido la despierta de su llanto, sumerge sus manos en ella, las llena y se las lleva a su rostro, una y otra vez, pensando, que no se me note, que no se me note....
Se cepilla su larga melena dorada, suavemente, como acariciándola, mordiendo su grueso labio inferior, casi hasta hacerse sangre, cierra sus rasgados ojos, suspira y abre ese pestillo mágico para enfrentarse a su nuevo día. 



De camino al colegio, con su viejo vestido y esos calcetines largos hasta la rodilla,  envuelta en su chaqueta de lana, helada de frío, con su naricita colorada, mirando hipnotizada el pavimento, pensando, que frío hace, tengo mucho frío, va al encuentro de su amiga Montse. Suelen quedar, en el viejo quiosco de la señora Mariana, una anciana gruñona, con una sonrisa, a veces, encantadora, cuando no la mira nadie directamente. Su esposo, sentado como siempre en esa raída silla de mimbre, con la cabeza cabizbaja, con sus pequeños ojos cerrados, como si no le importara lo que pasa a su alrededor, sumergido en sus sueños de juventud.

-Buenos días, señora Mariana. Me pone un donut de chocolate-susurra apenas Penélope.
-Niña, habla más alto, que estoy medio sorda-gruñe la vieja anciana.
- Un donut de chocolate- susurra elevando la voz, un poco.
-Toma y  corred que llegáis tarde, como siempre. - gruñe medio sonriendo.

Aceleran el paso, hace frío y la hora se les echa encima, las dos apenas se hablan, solo sale ese vaho de sus bocas y se sonríen.
Montse con su cabello rebelde, de ese color panocha, que tanto agrada a Penélope, y sus ojos tristes, de color celeste como el cielo.  Tan frágil. Son amigas desde pequeñitas, siempre juntas.

La clase está helada, la calefacción sigue estropeada. Esos viejo módulos, esperando a que hagan la nueva escuela, se caen a pedazos, hay goteras en los techos y las ventanas no son herméticas y entra el frío aire de esa mañana.

Penélope se sienta en su asiento, no se quita su chaqueta, sigue helada de frío y saluda a su compañero, Joaquín. Es un niño gordete, que se come las puntas de los lápices, con sus enormes gafas de pasta y su constante manía de absorberse los mocos. 
El maestro pasa la lista, conforme va pasándola, los cuarenta niños de la clase, con sus vocecitas, van diciendo, presente. Tristán, no levanta la vista de la lista escrita, en un amarillento papel. Es un hombre serio, nunca sonríe, sus ojos verde oliva, son fríos y distantes. No soporta a esos críos ni su trabajo. 

-Señor Pizarro, siéntese en su sitio- se acerca con los nudillos cerrados y los deja caer sobre la cabeza del pequeño.
Lleva un enorme sello dorado en su dedo anular. El cuello de su camisa, perfectamente planchada, anudado con esa misma corbata de siempre, marrón a rayas rojas.

Hoy toca clase de historia. Tristán coge su libro y se dispone a leer lo escrito en el, sentado en su silla delante de la pizarra. Hay un absoluto silencio, solo se escucha la monótona voz grave e insípida del profesor. 

Penélope se pierde entre tantas fechas y aburridos nombres de batallas, se queda embelesada, observando una nube a través de la ventana. Tiene forma de pastel de manzana, como el que hacía mi abuelita, se dice a si misma y se  imagina flotando en ese pastel esponjoso, dándole pequeños bocaditos y relamiéndose de gusto. 
Un golpe de ese dorado metal en su cabeza, la despierta de su sueño.

-Señorita, Diaz, haga el favor de atender y deje de estar en las nubes.

La pequeña aguanta sus lágrimas, que casi se le saltan de sus  brillantes ojos y vuelve a la realidad, bajando la mirada a su pupitre, coge el bolígrafo azul y hace ver que escribe algo, para parecer interesada en lo que dice su profesor.

-Podéis salir al patio- grita Tristán.

Penélope coge su donut de chocolate y lo devora en un segundo. Todos salen corriendo con su almuerzo. Ella y Montse, van caminando despacio sin mediar palabra, saboreando su desayuno y mirando a los demás. 

El patio es una zona pequeña, gris, llena de huecos en el suelo de frío cemento. Los mayores se colocan en la mejor zona, donde da ese sol calentito, los demás corretean, tropezándose cada dos por tres en esos huecos y Penélope junto a su inseparable amiga, se sientan en el  frío escalón de la escalera donde está el profesor que vigila la media hora de recreo. Ambas huyen de Conde, un chico de su clase que repite curso por tercera vez y suele burlarse de ellas, llamándolas pavas y dándole collejas, que ellas odian. Juegan a darse palmadas en las manos, cantando canciones o acariciarse el pelo, haciéndose trencitas. 
Ese adolescente, con sus malévolos ojos negros, las vigila desde lejos, las señala mofándose, gritándoles:

- Pavas, sois pavas.

Conde es un adolescente rebelde, con su negro pelo. Su padre está en la cárcel y él se enorgullece de ello, quizás solo sea fachada. Son cuatro hermanos, él es el mayor.

Los demás niños se ríen de las gracietas del dueño del patio, ellas se sonrojan y solo desean volver a clase.


De vuelta a casa sola, por el mismo camino de siempre, con esos edificios altos, esas aceras estrechas, los coches circulando, un ruido de una moto pasando a todo gas,  esa  gente paseando con prisas. Se acerca la hora de comer y tiene hambre. Su amiga se queda a comedor.

-Qué habrá hecho mi madre de comer?- piensa en voz alta.


Abre la puerta, penetra en ese largo pasillo y allí está él, Santi, su vecino. 

-Hola, pequeña.- le sonríe con sus achinados ojos pícaros.
-Hola.- balbucea ella, sonrojándose.



Le gusta Santi, le gusta sus tejanos ajustados, su aroma, su sonrisa, pero sobretodo le gusta, como la mira. Le gusta su mirada.



-Mamá, que hay de comer?- dice, nada más abrir la puerta de casa.
-Lentejas, si quieres las comes y si no, las dejas- le dice sonriendo su mamá.


Penélope mira el rizado cabello de su madre, le encanta. ¿ Por qué no me parezco a mi madre, me gusta tanto esos rizos azabaches? se dice a si misma. Su mamá tiene una mirada dulce, de color miel como ella, hundida con esas ojeras de color morado, se la ve cansada. Sus finos labios agrietados, siempre secos. Nunca se los maquilla. 

Ambas comen en silencio, en esa mesa amarilla de la cocina, sentadas en un taburete a juego. Su madre rompe ese silencio.

-Tu padre, vendrá más tarde hoy, quizás cenemos solas de nuevo.

Penélope asiente con un leve movimiento de su cabecita y siente un alivio dentro de si.

Cae el día, pasan las horas, su madre y ella cenan tranquilamente, se prepara para ir a dormir y descansar.



Es de noche, todo es oscuro a su alrededor, tapada con su edredón hasta la cabeza, esconde así los gritos de su padre, que acaba de llegar. 


Dice en voz baja:

- Quiero morir. Deseo morir.- y se sumerge en un inquieto sueño.





Confundida en el silencio, sueña con los ojos abiertos. Sueña que baila bajo la lluvia, que su viejo vestido, es de su color favorito, el aterciopelado rojo, siente esa ráfaga de lluvia caer en sus ojos, en su piel. Empapada, sonríe a ese cielo que la arropa.....

-Penélope, ayuda a poner la mesa a tu madre- le grita su padre. 

La coge de su brazo y la zarandea, golpeando su cabeza contra la pared de la salita.

Ayuda a poner la mesa, coloca los platos en la mesa camilla de la húmeda salita donde suelen comer cada domingo. 
El silencio se puede cortar, es espeso, agobiante. La televisión suena de fondo. Sus padres están absortos mirándola. Ella, juega con su cuchara haciendo círculo en la sopa de letras, colocando letritas en el borde de su plato. De repente, siente en su rostro, el líquido caliente de ese caldo y a su padre, gritando:

 - Come y deja de jugar.

La mira con odio, con esa mirada gris fría, se pasa la mano por su castaño pelo rapado casi al cero. Sus manos son enormes y están cubiertas de negro vello. A Penélope no le gustan sus manos. 






Para los sueños, no hay secretos. Sueños infinitos, aquellos que tienen los niños, que se acarician con los dedos.



Hace un día precioso. Luce el sol, se nota que el mes de Marzo está arrancando en el ambiente.

Penélope va de camino a casa, sigue llevando su chaqueta de lana. Tiene frío, aunque eso rayos de sol calienten suavemente. Ella siempre tiene frío.


Abre la puerta de su portería y allí se tropieza con esos achinados ojos vivos, negrísimos, sonriéndole.

-Hola, pequeña.- le dice esa boca voluptuosa.

-Hola.-dice ella de nuevo sonrojándose, como siempre.

El la mira, despojándola de esa vieja chaqueta con la mirada.

-Estás creciendo- le dice cogiéndola de su cara y acercándose a ella.

Se quedan los dos mirándose a los ojos, ella los baja tímidamente, incrementando ese tono de sus sonrojadas mejillas. La coge de su mano y le susurra al oído:

- Ven.


La arrastra al hueco del rellano, le quita la cartera de sus hombros, le desabrocha la chaqueta y se acerca a su boca. La luz de la escalera se apaga y se sumergen en la oscuridad. 
Sus alientos se mezclan, ella está nerviosa y él está excitado. Sus labios colisionan, él le introduce su lengua en su boca y busca la de ella, jugando. Sus lenguas se recrean en ese mar de saliva. Ella permanece inmóvil, él busca debajo de su suéter, esos pequeños pechos suaves, duros, los acaricia...
Santi se separa lentamente y le susurra:

-Mañana, más.

Le sonríe y desaparece de la oscuridad, dejándola sola. Permanece pegada contra la pared, su respiración es acelerada, sus ojos se iluminan, alguien ha entrado y encendido la luz de la escalera, siente los pasos como se van alejando escaleras arriba y se decide a salir e ir a su casa.

Esa noche duerme con el nombre de Santi, besando su boca.



Penélope acelera el paso, se acelera su corazón, se acelera su pulso, va acelerada a su casa, deseando de verlo.
Entra a la escalera y no lo ve, su sonrisa se languidece, disminuye su paso. Cuando se acerca al hueco, una mano surge de la oscuridad, la coge fuertemente y le susurra encendido :

- Ven, que te voy a espabilar.

Fundidos en la oscuridad, jugando con sus lenguas. Las manos de él, se meten debajo del vestido, suben despacio, lentamente,  hasta llegar a sus bragas de suave algodón y se recrea en  ellas, humedeciéndola. Se separa lentamente de sus labios, recorriendo su cuerpo a bocaditos hasta sumergirse debajo del vestido. Le separa a un lado sus braguitas e introduce su lengua, rozando suavemente su clítoris. Está húmeda, extasiada de placer, siente esa lengua dentro de ella, sus labios mordiéndola y no desea que aquello acabe. El sigue, sigue con su lengua, jugando y ella rompe en una explosión indescriptible de gusto. Sale de debajo de su vestido y murmura :

-Ya, pequeña?

Le agarra la cara con sus manos mojadas de ella, suavemente la vuelve a besar, metiendo su lengua, buscando la suya,  le muerde su labio inferior, sonriendo le dice: 

-Te gusta como sabes?

Ella asiente con su cabeza, sin atreverse a mirarle a sus ojos.  Se besan en los labios y vuelve a desaparecer, susurrándole las misma palabras de ayer.

-Mañana, más.



Penélope se pasa la mañana, mirando su reloj, los segundos, se hacen minutos, los minutos, horas, solo desea que lleguen las doce para ir a su encuentro furtivo, con su amor. 

De nuevo están sumergidos en la oscuridad de su rincón de pasión, él le susurra al oído:

-Hoy te toca ti. Yo te enseño.



Penélope, ya no siente frío. 





















viernes, 14 de noviembre de 2014

Sueños de una aburrida ama de casa.


Introducción:


Esos rayos de sol, acarician suavemente los rasgados ojos de Penélope, que duerme profundamente. Su largo cabello dorado, descansa en su almohada. Las sábanas dibujan su delgada y desnuda silueta. 
Suena el despertador, son las siete. poco a poco, abre esos ojos color miel, se despereza, alza sus manos como si quisiera tocar el techo, sonríe y piensa, qué sueño más bonito he tenido, no quiero despertar.

Comienza un nuevo y rutinario día para ella. 



El olor a lejía impregna todo el baño. Penélope arrodillada, dando sin parar, con fuerza, a esas manchas de su váter. Cierra sus ojos llorosos debido a aire lejioso  pensando, que hastío, todos los días igual. 
-Y que te crees, que yo no estoy hastiada también.
 De donde surge esa voz, quien ha dicho eso. Abre sus ojos y dice en voz alta, he sido yo misma, es eso, no me he dado cuenta y sigue restregando su escobilla. De repente, ésta se gira, se observan las dos mutuamente y recibe un impacto de tropezones de mierda. La escobilla, le grita:
-Ves? a que jode. Todos los días, sumergida en esa agua con lejia, ensuciándome de tu caca, que por cierto, apesta. Estoy hasta los pelillos de quitar tu mierda.
-Jódete tú- le dice malhumorada.
Se miran y  se sumergen en carcajadas, partiéndose el culo ambas.

El sonido de un mensaje del móvil, las saca de sus risas, volviendo a la realidad. Sólo dos palabras. "Te deseo."
Se restriega sus ojos, mirando esas dos palabras y quien las manda, pero ese mensaje es oculto y piensa, que seguramente, no sean para ella. 
- Una equivocación, eso ha sido-  y se dirige a darse una larga y cálida ducha, para quitarse los tropezones de mierda de su cabello.


Sus manos enjabonadas, acarician sus pechos, sus pezones se endurecen. Esa lluvia de agua cae en sus pensamientos, y si era para mi, "Te deseo", alguien me desea y solo son las nueve de la mañana. 

La blusa cobija su cuerpo, las gotas de su pelo, la rocían. Se dirige de nuevo a ver ese mensaje, que la atrae. " Desnúdate y túmbate en la cama" . Sin tan siquiera pensarlo, sus dedos dicen, " Quien eres", se queda embelesada mirando esa pantallita, que le atrae tanto, en ese instante. " Haz lo que te digo, desnúdate y túmbate en la cama".
Penélope desliza su blusa húmeda por su cuerpo, está completamente desnuda y se tumba en su cama, esperando, deseando más.
Mira su móvil y ahí están esas letras, " Pellizca tus pezones, ponlos duros, para mi" Ummmmm extasiada de placer, se los retuerce hasta sentir ese dolor placentero, que le gusta a ella. 
"Introduce tus dedos, dentro de tu coñito, siéntelo, quiero ver como lo haces. Hazlo" Ella sumerge sus dedos dentro de su humedad, suavemente, con un movimiento rítmico al son que le pide su cuerpo, cada vez más acelerado. " Sigue así, sigue hasta correrte, córrete para mi". El ritmo se hace frenético, Penélope solo desea correrse para él y vaya si se corre, un orgasmo acelerado como no ha tenido nunca, empapada, sudada, húmeda, muy húmeda. Nublada de placer, coge su móvil y teclea temblando, " Me he corrido para ti y ha sido fantástico, dime..."pasa unos segundos, donde ella se siente especial, viva...deseando de saborearse, lleva sus húmedos dedos a su boca y los chupa. Deleitándose en su orgasmo. " Así me gusta, que me obedezcas" Ella se queda observando esas palabras, con miedo, como una niña asustada ante lo desconocido. " Quien eres, dímelo" teclea estremecida. " Soy tu sueño. Un beso".

Soy tu sueño, soy tu sueño, soy tu sueño, retumba en la mente de Penélope. 


Sonríe y se dice, soy esquizofrénica, esta mañana he discutido con mi escobilla y he tenido un orgasmo via movil, con mi sueño. 
No ha estado mal, para ser solo las diez de la mañana. 
























lunes, 10 de noviembre de 2014

Gracias, preciosa.







Es que cada vez, que  lo veo, me gusta más. Lo he imprimido y enmarcado, lo tengo en la entrada de mi casa.

Tu compañía casi diaría, me llena mucho, haberte conocido, ha sido un placer. No sé que más decir, a más quiero que el prota de esta entrada, sea solo tu retrato, iba  poner una canción, pero desmerece tu dibujo.
Me veo preciosa en tu dibujo, mucho más que esta mañana en el espejo jajajajaa. Me encanta, me ocultas la mirada y es así, casi siempre la llevo oculta, no me gusta que me miren a los ojos directamente, me pone un poco nerviosa, como si pudieran leer mis pensamientos.

Eres cojonuda, Olga.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Orgasmo musical.

Acariciando esos surcos con las yemas de mis dedos, pensando quiero sentirte. He alzado la tapa de mi tocadiscos y suavemente he colocado ese diminuto diamante sobre el.

Sonny Rolins, ese maestro de los fraseos, con esa capacidad de jugar con un solo motivo a lo largo de un tema, impactándome, admirando su sensibilidad rítmica, entre otras mil razones, era el elegido.

Bajando la persiana, sumergiéndome en la oscuridad de mi habitación, me he desnudado. Sentía como la ropa resbalaba por mi cuerpo, mientras esas notas musicales me susurraban al oído,  dejando que su lengua desnudara mis labios, palpando ese sonido sensual de saxofón.......Mis sentidos a flor de piel, ese saxo acariciando mis pechos excitados por ese ritmo de frenesí pasional. Las suaves notas musicales iban resbalando una a una por mi vientre, el si, el la, esa tonalidad del do mayor, cada una de ellas viajando como esas gotas de lluvia que caen en mi ventana.

He cerrado mis ojos impregnándome de ese sonido envolvente. Ese arcoiris de notas musicales, danzaban dentro de mi, penetrando en mi húmedo pubis haciendo que deseara más, más.....Su aliento si bemol, acariciaba mi nuca, erizándome la piel.....Extasiados en un ritmo frenético los dos, jugando con el sonido, los sentidos, los colores....Los dos percibiendo, él mi deseo y yo su  cálido sonido. Embriagados en esa partitura, mezclando notas de placer en esa suaves líneas del pentagrama, haciéndolas nuestras. Rómpeme con mil caricias.  Acelerando el ritmo, a toda hostia por la carretera de la lujuria, acelerando  Acelerando..........acelerando.....acelera......acelerando....hasta llegar a esa explosión de placer, mezclándose esas notas musicales con mi intenso, húmedo y musical orgasmo. Las notas se expandían por todo mi ser. He abierto los ojos, las veía danzar en la oscuridad, sonriéndome, devolviéndoles la sonrisa, nos hemos besado y se han evaporado. Ese mágico saxofón ha dejado de sonar, su sexi, atrayente sonido ya no está. Atrapada en tu silencio de incertidumbres y caricias, suspiro.Como esos amantes que se despiden y saben que no se van a ver más, pero que nunca olvidaran esa noche compartida de pasión. Gotas de dolor en ese charco del olvido.

Ahora que estoy dormida y recorro entre sombras, las luces de tu fría piel,  creo que ha sido un sueño. Bailando en silencio, la niña que soy. Atrapada en tu silencio, saxo. De terciopelo y tristeza, disfrazo mi puta soledad. 

Mi dulce, mi tierno, mi maravilloso, orgasmo.









lunes, 6 de octubre de 2014

Cántame, para dormir.

Empapada en sudor frío. Vomito, mi pesadilla.


" Infortunio para ustedes, Tierra y mar,
pues el demonio, ha mandado a la bestia con ira,
porque él sabe que el tiempo es corto,
dejad al que entiende, el número de la bestia, 
pues es un número humano.
Su número es el seiscientos sesenta y seis.

( Apocalipsis, capítulo XIII, versículo 18)




Estoy sola, mi mente está completamente en blanco, necesito tiempo para pensar. Miro el reloj, marca las tres de la madrugada, toco la cama, para asegurarme de que estoy en ella, me seco con las sábanas, el sudor frío de mis pechos, mi respiración acelerada, va suavizándose. No es real, pero lo he sentido como tal. Piensa en algo, sácate de la cabeza, esa mirada que te ha dejado completamente paralizada . Sólo ha sido un sueño. Un mal sueño.

De nuevo miro las agujas del reloj, son las cinco de la madrugada. Esas dos horas, han sido minutos para mi. He perdido la noción del tiempo, me habré quedado sumergida en un sueño. No, mis ojos están abiertos, no he dormido, sólo que el tiempo se ha evaporado, con mi mente vacía. He estado inmovilizada de miedo, durante dos horas. He de ir al baño, pero estoy inerte. Tengo que lavarme el rostro, para despejarme y sentir que no es real. 

Necesito tiempo para pensar y recuperar los recuerdos de mi sueño. 


Qué es lo que vi?
Qué es lo que vi, en la oscuridad de mi mente, fue real y no una fantasía?


Quizás lo que he visto eran reflejos de mi retorcida razón, devolviéndome la mirada.

Mis sueños siempre están ahí. Esos ojos malvados, que me llevan a la desesperación, desvelándome.

En la niebla, esos párpados cerrados, esa figura blanca de mujer, que me atrae y me deja paralizada, sin poder mover mis descalzos pies, ni un ápice de esa fría arena, de esa playa, donde no se oye nada, todo es silencio absoluto, ni tan si quiera el romper de las olas. 

Mis hijos me gritan desde el coche, mamá no vayas, ven, mamá y sigo allí estática, inmóvil, mirando esos ojos cerrados, que me atraen y me dan pavor a la vez. Es curioso, su pelo blanco como la nieve, se mece al son del viento, pero no siento ese viento en mi, no lo siento. No puedo apartar mi mirada de esos párpados. Siento un escalofrío recorriendo todo mi ser y no puedo moverme, quiero huir de ellos,  pero no puedo, sigo allí, esperando, hipnotizada en esa mirada inexistente. 


Los gritos de mis hijos, suenan cada vez más lejanos y estoy cada vez más cerca de ese ser etéreo, malvado, sin mover mis pies, como si flotara atrayéndome hacia ella. 

Nuestros rostros están frente a frente, siento su aliento en mi boca, esa nube fétida, putrefacta, entonces lo veo, veo esos párpados transparentes, veo a través de ellos, esas cuencas vacías, solo se ve oscuridad. Una profunda oscuridad. Sombras que se retuercen de dolor, bailando una extraña danza. La danza de la muerte.

Allí estoy de pie, observando ese dantesco baile de sombras, en el principio, del fin.
Allí estás tú, esa niña que amaste, bailando con la muerte, con sus músculos atrofiados, como una manzana, pudriéndose. Aquí estás tú, la mujer que temes, dormida en tu dolor. Puedes suicidarte ahora, porque ya estás muerta. La niña que amaste es el monstruo que temes ahora.


Me despierto, sobresaltada, empapada en sudor frío y paralizada de miedo, siempre en el mismo instante que esos párpados comienzan a abrirse. 

Sólo deseo que me canten al oído, para poder así, dormir.







Y no tengo miedo a morir, en cualquier momento lo haré, no me importa.